En esta primera entrada y haciendo alusión al título del blog me gustaría hacer una reflexión sobre la vocación de ser maestro. Sí, he dicho vocación porque la considero de esta manera, más que una profesión. En realidad considero que todos tenemos una vocación, sólo que algunos puede que no lleguen a descubrirla nunca.
Me considero bastante afortunada de haber sido bendecida con la oportunidad de dedicarme a una de mis grandes pasiones: la enseñanza. Cuando acabas la carrera (en mi caso, hace ya unos cuantos años; en el 2001) no tienes la certeza de que vayas a ejercer la profesión que has elegido. Eso sí, la mochila la llevas cargada de ilusiones, ideas, ganas... y algún que otro temor. Con el paso del tiempo, los temores iniciales han dejado paso a una sensación de que en mis manos tengo una gran responsabilidad; la educación de muchos niños y niñas, cada uno con sus circunstancias, pero todos ellos con un gran potencial para SER FELICES. Y si algo tengo claro es que nunca quiero perder esa ilusión con la que comencé y que, de momento, no me ha abandonado, por hacer lo que esté en mi mano para ayudarles a que lo consigan.
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